Amaneceres en Campoamor

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Obra nueva y reformas

 Amaneceres en Campoamor por Elena Casado Rojo

Estar de vacaciones y madrugar no suelen ser compatibles para el común de los mortales. Pero si vienes de lejos, adoras la playa y no te cuesta nada levantarte temprano, lo tienes todo para disfrutar cada mañana de un espectáculo maravilloso, por el que además no hay que pagar.

Campoamor es especial, muy especial para mí desde niña por muchas cosas, recuerdos de todo tipo, grandes y buenos amigos… Y esta Semana Santa se ha convertido en algo aún mejor por los amaneceres que he disfrutado y los paseos que los han acompañado. Salía a caminar sola, pero mi música, ésa que en mi vida diaria apenas puedo escuchar, caminaba conmigo.

A las siete de la mañana, casi todos los días era la primera en pisar la playa del Barranco Rubio, la playa pequeña para los que somos de aquí. Totalmente vacía, sin gente, es una sensación tremenda, como si fuera mía. Quedarte ahí quieta viendo el sol aparecer por encima del mar a lo lejos, de mil colores, hace de ése un momento único. A los que, como yo, disfrutan con una buena ópera o una pieza de música clásica les aseguro que no tiene precio.

Recorría esa playa para después atravesar el puerto y saludar todas las mañanas al mismo marinero que, sentado en la misma ventana con su café en la mano, admiraba también ese amanecer elevarse poco a poco al fondo, sobre los mástiles de los barcos.

Rodeando la legendaria Barraca, aparecía en las rocas que protegen el puerto y llegaba a la playa de la Glea, la playa grande. Ahí el sol se expande ya del todo sobre el mar con las olas, la orilla reflejando ese momento y la arena recién barrida también con juegos de luz y sombra. No puedo dejar de fotografiar… ¡pero no quiero perderme nada!

Recorro despacio la playa hacia el norte sin dejar de mirar el agua. La pasarela de madera hacia Aguamarina es la siguiente parada. Me servirá, seguro, para alguna fotografía maravillosa… y no me falla. Esto es grande, enorme, ocurre todos los días y, ¿cómo puede ser que esté yo aquí sola, contemplando semejante espectáculo? ¿No hay más locos madrugadores?

En los treinta y cinco años que llevo viniendo, no había disfrutado ningún amanecer de esta manera, tan de cerca, con esta calma, estos paseos tranquilos y esta emoción. Os recomiendo a todos hacerlo al menos una vez, el madrugón merecerá la pena, y seguro, seguro que repetiréis.

Campoamor me espera este verano, también sus amaneceres… ¿y a ti?

Artículo de colaboración por Elena Casado Rojo

Nota.- Este artículo es uno de los que se pudo rescatar tras el virus que encriptó Campoamor.com en noviembre de 2017, no tenemos las fotografías originales del artículo por lo que hemos usado una fotografía de Juan Cerón García que participó en nuestro concurso de fotografía

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