Pedro Cano. Entre la pintura y los viajes

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Pedro Cano, entre la pintura y el viaje.

Queríamos entrevistar a uno de nuestros vecinos más especiales, queríamos entrevistar a Pedro Cano, el pintor del Valle de Ricote, el pintor que nació en Blanca entre limoneros y naranjos, rodeado de múltiples perfumes de miles de flores, de tierra y árboles, de huertos  de calabazas, tomates y pimientos. Pedro Cano conoce Campoamor desde niño, cuando no había  ni siquiera urbanización, él ya se bañaba en la Playa de la Glea, dejaba su ropa bajo el puente y corría al mar, todavía recuerda esos días como si hubieran ocurrido ayer, quizás porque los buenos recuerdos nunca se olvidan.

Nos quería enseñar su Fundación en Blanca y nos citó en ella, junto a ese Rio Segura que tantas veces lo ha visto pintar, un Rio Segura que allí pasa majestuoso, lleno de vida y lleno de luz. Él nos esperaba en la propia puerta de su edificio, nada más entrar nos vemos dentro de una exposición de cuadros de dos metros de alto con personas de espaldas, llegando, nos dice que muchos son emigrantes, viajeros que buscan una nueva vida.

Nos enseña su Fundación en la que podemos ver desde su primer cuadro hasta más de cuarenta cuadernos de viajes, ¿viajes, que viajes?.

– Empecé a pintar con 11 años, tras la muerte de mi padre. Un verano conocí a una señora de Valencia con la que empecé a pintar a las orillas del Rio Segura, me construí un caballete con tres listones de madera de un parquet que estaban quitando en una casa y así pude pintar mis primeros cuadros grandes. Ella fue la que le dijo a mi familia que tenía que ir a hacer Bellas Artes a Madrid.

– Pude hacer Bellas Artes en Madrid gracias a que me apunté voluntario a la “mili”, y elegí destino en esta ciudad, cuando terminé los estudios empecé a viajar. Estuve en Roma, viajé por todo Oriente Medio, por Yemen, Siria, Irán, Turquía, fui a Nueva York, en principio para quedarme cinco meses y en verdad estuve cinco años.-

– En los años setenta viajé por toda Latinoamérica con mi mujer Patrizia, éramos muy jóvenes y casi no teníamos dinero pero vendía de vez en cuando un cuadro y los cobraba en dólares y como allí todo era muy barato con ese dinero podíamos seguir el viaje. Recorrimos desde México a Brasil. Un viaje lleno de recuerdos, recuerdos bellos y duros, como cuando dormimos en Machupichu y en Ollantaytambo en una fonda con solo sacos de dormir entre tantos misterios y secretos que guardan esas tierras.

– También recuerdo en Tulúm en el Caribe cuando convivimos con unos desertores del Vietnam en condiciones muy primarias, no podían volver a Estados Unidos y ellos vivían allí, con sus novias, en cabañas.-

 Le pregunto por Campoamor.

Mi padre vendía pescado y por este motivo yo viajaba mucho a la costa, conocía el Mar Menor pero mi lugar favorito para el baño era Campoamor.

Ya de mayor venía a Campoamor al Hotel Montepiedra hasta que mis hermanos me compraron un ático frente al mar mientras yo estaba en Roma, con un buen garaje que he convertido en mi estudio de pintura.

-He pintado mucho Campoamor pero no conservo ningún cuadro, unos los vendí, otros los regalé.-

– Suelo desayunar en el Bar del Supermercado y luego paso hora en mi estudio pintando, por la tarde noche paseo por la playa, me encanta disfrutar de la serenidad de Campoamor, es una playa muy familiar pero al mismo tiempo también me gusta salir, por ejemplo ir a cenar al restaurante chino que hay frente a la farmacia, es fantástico.

Ya se nos había hecho muy tarde, esa mañana Pedro tenía cosas y recados que hacer así que quedamos para otro ratos pero esta vez… nos vemos en Campoamor