Hay restaurantes a los que uno va a cenar y hay restaurantes de los que se sale con la sensación de haber asistido a algo mucho más grande. Punto Amor, el nuevo restaurante gastronómico situado junto a la playa de La Glea, pertenece claramente a esta segunda categoría.
El pasado viernes tuvimos la oportunidad de vivir su propuesta gastronómica, probamos el Menú Punto Amor, una sucesión de cinco servicios que, en realidad, termina convirtiéndose en una experiencia mucho más extensa gracias a una impecable colección de aperitivos, panes artesanos, pequeños bocados, prepostres, postres y mignardises.
Después de esta visita solo podemos decir una cosa: si mantienen este nivel, estamos convencidos de que la Guía Michelin acabará llamando a su puerta.
Un restaurante nacido para competir entre los mejores
Detrás de Punto Amor se encuentran Pierre Morand, socio del restaurante, y Loucas Mengal, un chef belga formado durante diez años en un restaurante con Estrella Michelin y que posteriormente dirigió La Paleta de Sabores, en Torrevieja, incluido en la Guía Michelin.

Pero una cosa es conocer la historia y otra muy distinta sentarse en su mesa.
Desde el momento en que cruzas la puerta se percibe que todo está pensado para ofrecer una experiencia gastronómica completa: una elegante sala de líneas contemporáneas, cocina abierta, un servicio cercano pero impecablemente profesional y un ritmo perfectamente medido.
La propuesta gastronómica de Punto Amor gira en torno a cuatro menús degustación que cambian cada mes al ritmo del producto de temporada: un menú de mediodía de 3 servicios, el Menú Punto Amor de 5 servicios, el Menú Descubrimiento de 7 servicios y una propuesta vegetariana.
Tras conocer las diferentes opciones, nosotros optamos por el Menú Punto Amor, cinco servicios que, en realidad, terminan siendo muchos más. A los platos principales se suman una cuidada selección de aperitivos, panes artesanos, pequeños bocados, prepostre, postres y mignardises, construyendo un recorrido gastronómico muy completo. El menú de siete servicios nos pareció tentador, pero quizá excesivo para una cena; el de cinco nos pareció el equilibrio perfecto para descubrir la esencia de la cocina de Lucas Mengal.
La experiencia comienza con una secuencia de aperitivos que ya dejan clara la personalidad de la casa: un intenso financier de anchoa, aceituna negra y parmesano, un delicado maki de salmón y pepino, una sedosa brandada de rodaballo con ajo, caviar avruga y algas y una sorprendente combinación de espelta, manchego y trufa. Cuatro propuestas muy diferentes entre sí, pero unidas por un mismo hilo conductor: el absoluto respeto por el producto y una técnica impecable que nunca busca el artificio.




Desde ese instante queda claro que la cocina de Loucas Mengal no pretende impresionar únicamente por la presentación. Aquí cada elaboración tiene un sentido, un equilibrio y una identidad propia que convierten el menú en un viaje gastronómico de principio a fin.
Mediterráneo con personalidad propia
Uno de los aspectos que más nos gustó fue comprobar cómo la cocina mantiene una identidad claramente mediterránea mientras incorpora pequeños guiños internacionales.
El plato de boquerones con melón, aguacate, hierba luisa, sésamo y kimchi resume perfectamente esa filosofía. Frescura mediterránea, equilibrio ácido y un punto exótico que nunca eclipsa el producto principal.

A continuación llegó uno de los grandes protagonistas de la noche. El rodaballo con trigo sarraceno, acelgas, hinojo, limón en sal, yuzu y beurre blanc es probablemente uno de esos platos que permanecen en la memoria durante mucho tiempo.

La cocción del pescado es impecable. La piel aporta textura, mientras que la salsa beurre blanc, enriquecida con los matices cítricos del yuzu y el limón en sal, consigue una profundidad extraordinaria sin ocultar el sabor del rodaballo.
Es un plato elegante, refinado y tremendamente técnico.
La potencia llega con la carne
El menú cambia completamente de registro con el ravioli de rabo de toro, foie gras y cebolla.

Aquí aparece una cocina mucho más intensa y golosa, donde el foie aporta untuosidad y el rabo de toro concentra toda la profundidad de una cocción lenta perfectamente ejecutada.
Después llega la ternera blanca con setas, parmesano y reducción, probablemente el plato más sobrio del menú pero también uno de los más elegantes. Carne extraordinariamente tierna, acompañamientos perfectamente integrados y una salsa que invita literalmente a no dejar una sola gota en el plato.

Un final brillante
La parte dulce mantiene exactamente el mismo nivel que el resto del menú.
Primero aparece la cereza con crujiente, chocolate blanco, crema pastelera y samba, muy equilibrada entre acidez y dulzor.

Después, el sorprendente tomate, sandía, vainilla y piñones, un postre extremadamente fresco que rompe cualquier expectativa y limpia completamente el paladar.

Como colofón llegan las mignardises, pequeños detalles que prolongan la experiencia hasta el último instante.
Más que una cena
Durante toda la velada hubo algo que llamó especialmente nuestra atención.
No existe ningún plato diseñado para impresionar únicamente por su estética. Cada elaboración tiene un sentido culinario, una lógica y un equilibrio que demuestran muchas horas de trabajo detrás.
La cocina de Loucas Mengal transmite madurez, técnica y personalidad.
El servicio acompaña perfectamente ese nivel. Cercano, elegante y muy bien coordinado con cocina, algo imprescindible cuando se trabaja con menús degustación de este nivel.
Nuestra valoración
Desde que Casa Alfonso cerró sus puertas en Campoamor, llevábamos muchos años esperando un restaurante gastronómico capaz de situar nuevamente nuestra urbanización entre los grandes destinos culinarios de la Costa Blanca.
Después de esta visita creemos sinceramente que Punto Amor tiene todo lo necesario para conseguirlo.
Una cocina con identidad propia, producto excepcional, técnica impecable, un equipo joven con una ambición muy clara y un proyecto construido desde el primer día pensando en la excelencia.
Pierre Morand nos confesaba que el objetivo del equipo era entrar en la Guía Michelin. Tras vivir esta experiencia, esa declaración ya no parece un sueño ambicioso. Parece un objetivo perfectamente alcanzable.
Y ojalá ocurra pronto, porque una nueva Estrella Michelin no solo sería un reconocimiento para Punto Amor, también supondría que Campoamor volvería a ocupar el lugar que merece dentro del mapa gastronómico nacional.
Nos vemos en Campoamor
Recomendación: Imprescindible para cualquier amante de la alta cocina. Un restaurante al que merece la pena viajar expresamente para vivir una experiencia gastronómica que, estamos convencidos, dará mucho que hablar en los próximos años.
Nuestra puntuación: 5 estrellas
Nota- Imprescindible reserva con mucha antelación: Web del restaurante Punto Amor.
Nota- Esta cena tuvo un coste por persona 103 euros
Fotografía superior de Pierre Morand, impulsor del restaurante, y Loucas Mengal, chef del restaurante.
Puedes conocer nuestra ruta gastronómica de Campoamor pinchando en este enlace




