Los espías de Campoamor, un episodio de la guerra de los dos Pedros

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El sol acababa de salir por detrás de Cabo Roig esa mañana de primero de mayo de 1359 reflejando en un mar completamente calmado cientos de tonos anaranjados. A la altura de nuestra playa de Aguamarina un pescador y su hijo luchaban por recoger una captura.

-¿Quien era ese hombre tan extraño que vino ayer por la noche a visitarnos? preguntó el hijo a su padre pescador.

-Hijo, sin duda era un hombre muy extraño, no dejaba de preguntar y de mirarlo todo, dijo que era comerciante pero no llevaba consigo nada con que comerciar, yo podría asegurarte que era un espía del Infante D. Fernando.-

-¿Un espía?- gritó el hijo sobresaltado.

-Si, un espía, pero habla bajo, ¿no te has dado cuenta que en la punta de Cabo Roig se ve la silueta de nuestro extraño visitante y de su caballo?, lleva allí sentado, vigilante, desde mucho antes que nosotros nos echáramos a la mar, y es que nuestro Rey Pedro IV de Aragón está en guerra con Pedro I de Castilla al que llaman “El Cruel”.-

-¿Tan malo es ese rey que le llaman “el cruel”?- respondió el hijo sorprendido por ese mote tan poco respetuoso para un rey.-

-¿Malo?, dicen que es el mismo hijo de Satán, hablan que ha ordenado múltiples masacres de aragoneses y lo peor es que mandó ejecutar a nuestra reina de Aragón y a su tía Dª Leonor, madre de nuestro infante D. Fernando, a ambas las mantenía presas en el castillo de Castro Jeriz, y envenenó a Dª Juana de Lara, la mujer de D. Juan, el hermano del Rey, y a su hermana Dª Isabel de Lara.-  -Dicen bien, ese hombre es el mismo demonio.-

-Los comerciantes que atracaron en la playa la pasada semana, cuando el temporal, contaron que se encuentra en Cartagena donde ha reunido una escuadra de más de cuarenta galeras con las que pretende invadir nuestras costas, seguro que nada bueno está tramando.-

El pescador paró su relato, abrió los ojos y gritó – Rápido, deja todo, rema con todas tus fuerzas hacia la costa, algo pasa y seguro que es muy grave-

-¿Pero que pasa padre?- dijo el hijo mientras dejaba apresuradamente los artes de pesca y buscaba el remo dentro del pequeño bote.

-El espía se ha levantado, ha cogido su caballo y ha salido como alma que lleva el diablo en dirección a Orihuela- No debemos estar aquí. ¿Ves algo en el horizonte hijo?, mira bien.

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-No, no veo nada-

-Sigue remando y no dejes de mirar- le replicó su padre.

Espera, ya veo algo- guiño un ojo para ver mejor -son siete velas de siete barcos de guerra.-

-¿Que bandera llevan?-, el silencio se hizo mientras ambos se esforzaban en remar lo más rápido que podían.

Ya llegando a la playa el hijo respondió, -es un castillo, la bandera es un castillo, son barcos del Rey de Castilla-

Como no hacía viento, a nuestros dos personajes les dio tiempo a llegar a la playa, esconder el bote en la pinada cercana, ir a su casa de pescadores, recoger a la madre y a un niño pequeño y esconderse dentro del bosque en un alto a un kilómetro tierra adentro desde donde se podía ver el mar y a las siete galeras que ya estaban a la altura de Campoamor.

Estaban todos mirando los acontecimientos cuando una voz les sorprendió detrás suyo.

– Buenos días tengan ustedes –

La familia al completo se volvió para encontrase con un hombre fuerte montado en un caballo de los de guerra. Las múltiples huellas de heridas delataban que era hombre de armas, de hecho un bulto en la capa permitía adivinar una espada atada a su cinto.

– Buenos días- respondió el padre -¿que le trae por estos lugares?-.

– Soy comerciante y busco un lugar para descansar, desde aquí se puede ver muy bien el mar, ¿verdad?. –

¿Comerciante? pensó el hijo, ¡ si no lleva nada con lo que comerciar ! ….

El hombre pasó dos días enteros con nuestros personajes, les ayudó a montar un pequeño campamento, también les acompañó una noche a su casa a buscar víveres y enseres que habían dejado en su rápida huida y a la mañana del tercer día, en el horizonte se volvieron a ver las velas de las siete carabelas pero esta vez de vuelta en dirección Cartagena. Nada más verlas el hombre sin mediar palabra alguna tomó su caballo y al galope salió cabalgando en dirección Orihuela.

-Hijo, estamos en guerra y pasaremos mucho tiempo aquí escondidos antes de que podamos volver a nuestra casa. Si hijo, es la guerra de los Dos Pedros.-

Pedro IV de Aragón y Pedro I de Castilla

La historia que aquí contamos es una ficción pero una ficción basada en hechos reales de un episodio de la llamada Guerra de los Dos Pedros que enfrentó a Pedro I “el Cruel” de Castilla con Pedro IV “el Ceremonioso” de Aragón.

Pedro I de Castilla reunió una escuadra formada por 41 galeras de las cuales 28 eran castellanas, 3 pertenecían al Rey de Granada y 10 galeras las mandó su primo el Rey de Portugal. Esta flota de guerra permaneció amarrada un tiempo en Cartagena en esa primavera de 1359 y en mayo envió a siete para la exploración de las costas de Orihuela y Alicante, son las siete galeras que divisa el chico cuando se encuentran llegando a la playa.

Durante este periodo el Infante D. Fernando manda una orden a las autoridades de Orihuela para que organicen un sistema de espías por toda la costa y así hicieron no antes de pedirle al infante que sufragara al menos la mitad del coste.

Entre el 1 y el 14 de mayo de este año, son múltiples las referencias de las alarmas de los espías que llegaban a Orihuela y que habían sido apostados por toda la costa. Sin duda, alguno de estos espías se apostó en Cabo Roig como hemos recogido en nuestro relato y quizás, una vez visto que habían barcos de reconocimiento algún otro espía buscara una posición más oculta tierra adentro, es el segundo espía que convive con nuestros personajes durante tres días.

La historia nos cuenta que la flota de Pedro I descrita en nuestro relato parte de Cartagena, a final de mayo para lanzar un ataque a Guardamar que conquista sin oposición (Pedro IV en castigo por su débil oposición a las tropas castellanas, suprimió a Guardamar su condición de Villa Real y su autonomía, pasando a ser desde aquel momento una aldea de Orihuela), hace lo mismo en Alicante con algo más de oposición, también ataca Valencia, donde la guarnición al mando del conde Ramon Berenguer I de Empúries no le presenta batalla y huye, llega el 9 de junio a Barcelona donde se plantea una batalla en la que participó embarcado en un buque de gran porte el propio rey de Aragón que invoca el usatge “Princeps namque” movilizando a la población en torno al mando de los aragoneses Bernardo de Cabrera, conde de Osuna, y Hugo, vizconde de Cardona los cuales con solo de 10 galeras (barcos a remos), vencen a la escuadra de Pedro I gracias a que plantearon la batalla muy cerca de la costa a tiro de los ballesteros y de una bombarda que hace estragos entre los castellanos. (Batalla naval de Barcelona)

Como hemos dicho, esta historia como nuestros personajes son ficción pero lo que si es cierto es que en este año de 1359 nuestras playas vieron pasar a la flota de Pedro I en dirección a Barcelona y también a su vuelta derrotados, y lo que es también cierto es que en nuestras costas estuvieron apostados los espías de Orihuela tal y como recoge el libro de historia de Orihuela de Ernesto Gilbert y Ballesteros en su Tomo II páginas 183 a la 191

Nos vemos en Campoamor

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