Hay pocos lugares donde un Mundial de fútbol se viva de una forma tan especial como en Campoamor y el resto de Orihuela Costa.
Mientras en casi todas las ciudades la mayoría de los aficionados animan a una misma selección, aquí ocurre algo diferente. Basta con pasear por la calle Cielo de Cabo Roig para escuchar conversaciones en inglés, francés, alemán, neerlandés, italiano, ruso, ucraniano o español. Orihuela Costa es uno de los lugares más internacionales de España, con vecinos procedentes de 121 nacionalidades, siendo la comunidad británica la más numerosa, seguida de muchas otras nacionalidades europeas y de diferentes continentes.
Y, sin embargo, esa diversidad nunca ha sido un problema. Al contrario. Es una de las grandes riquezas de nuestra costa.
Una urbanización donde cada uno anima a los suyos
Este fin de semana llegan las grandes finales del Mundial. En las terrazas, los restaurantes y los pubs habrá camisetas de muchos colores.
Habrá ingleses y Franceses buscando llevarse ese tercer puesto. Españoles ilusionados con otra gran alegría deportiva, incluso algún argentino viviendo cada minuto con la pasión que caracteriza a su país.
Y seguramente también habrá belgas, alemanes, irlandeses, neerlandeses, suecos, noruegos o vecinos de cualquier otra nacionalidad que, aunque su selección ya no siga en competición, disfrutarán igualmente del espectáculo.
Porque eso también es Campoamor.
Cuando el fútbol une a vecinos de medio mundo
Hace apenas unas semanas vivimos una imagen que resume perfectamente el espíritu de nuestra urbanización.
La comparsa Moros Abdelazíes organizó una pantalla gigante en la Playa de La Glea para seguir el partido de España durante su Summer Fest. Cientos de personas compartieron la tarde entre el mar, la música y el fútbol, demostrando que un partido puede convertirse también en un acto de convivencia.
No importaba de dónde era cada uno. Lo importante era compartir una experiencia juntos.
Mucho más que un resultado
Quizá eso sea lo más bonito de vivir en Campoamor.
Aquí es habitual que un británico desayune junto a un español, que un alemán juegue al golf con un irlandés, que un francés salga a navegar con un belga o que un matrimonio holandés termine cenando en la misma mesa que unos vecinos de Murcia.
El Mundial simplemente hace visible durante unos días una realidad que vivimos todo el año: personas de culturas muy distintas compartiendo el mismo lugar y aprendiendo unas de otras.
Este fin de semana unos celebrarán goles y otros lamentarán derrotas. Así es el deporte.
Pero el lunes todos volverán a pasear por el mismo paseo marítimo, compartirán la misma playa, tomarán café en los mismos locales y seguirán demostrando que la convivencia es mucho más importante que cualquier marcador.
Quizá esa sea la verdadera victoria de Campoamor.
Nos vemos en Campoamor.
Quizás recuerdes como vivieron los franceses en Campoamor la final del anterior mundial de fútbol





