Hay imágenes que no necesitan explicación técnica para emocionar. Basta con mirarlas despacio. Eso es exactamente lo que ocurre con la fotografía que nos ha enviado nuestro amigo Raúl Fernández, captada desde su barco mientras pescaba calamares en uno de esos momentos mágicos en los que el día se despide desde el mar.
En el horizonte se dibuja la silueta inconfundible de Campoamor, tranquila, casi en silencio, mientras el cielo se transforma en protagonista absoluto. Las nubes, el sol ya bajo y la atmósfera hacen su trabajo: los colores rojos y amarillos del atardecer se alinean de tal forma que recuerdan, de manera sorprendente y natural, a la bandera de España ondeando sobre nuestra urbanización.
Todo se debe a una combinación perfecta de dispersión de la luz, densidad de nubes y ángulo solar, todo muy casual pero quizá ahí esté parte de su encanto. No todo tiene que entenderse para disfrutarse. Hay instantes que simplemente se contemplan.
La imagen transmite muchas cosas a la vez: mar, identidad, hogar, calma… y ese orgullo sereno que no necesita palabras ni gestos grandilocuentes. Solo un cielo que, durante unos minutos, decide regalarnos algo irrepetible.
En Campoamor estamos acostumbrados a atardeceres espectaculares, pero algunos tienen un plus de simbolismo que los convierte en algo más que una bonita postal. Este es, sin duda, uno de ellos. Gracias, Raúl, por compartir con todos nosotros un momento que ya forma parte de nuestra pequeña historia visual.
Nos vemos en Campoamor





