Alquilar un velero en Campoamor

En Campoamor ya puedes alquilar un velero con la empresa Campoamorcharter.com. Nosotros hemos vivido una experiencia fantástica que recomendamos desde este blog magazine

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Alquilar un velero, un verdadero planazo

Todos saben que quien planifica su ocio, se garantiza muchas experiencias. En este sentido, Campoamor no ha tenido hasta este verano una oferta en la que poder alquilar un velero. Gracias a Enrique Gómez, un apasionado del mar y experimentado marinero, quien ha puesto su velero a disposición de clientes que quieran alquilar con o sin patrón su velero, hemos accedido a una experiencia que recomendamos encarecidamente y que podréis encontrar en https://campoamorcharter.com

Arrancamos el día pronto, sin madrugar demasiado, y como acostumbra en agosto, los rayos del sol amanecieron dándonos esa dosis de vitamina D para empezar el día. A primera hora, ya teníamos todo nuestro kit de aventura marinera preparado: toallas, una caña de pescar, una tabla de padel surf y como no, un buen tentempié.

Subimos nuestro pequeño equipaje al barco y tras acomodarnos, zarpamos del puerto de Campoamor. El cielo despejado, en sintonía con la calma mañanera del mar, nos acompañaría durante todo el día. El agua era transparente y las diferentes tonalidades azuladas que caracterizan al Mediterráneo nos recibieron con entusiasmo, haciéndonos sentir que todo iba viento en popa. 

Durante la travesía fue avivándose una refrescante brisa, que haría el paseo en barco de lo más agradable, dejándonos incluso, la posibilidad de desplegar las velas para navegar de esa forma tan relajada y distendida. Los marineros nos mostraron toda su destreza en el manejo de la embarcación, izando velas y incluso haciéndonos participes a quien quería ayudar en la tarea.

A medida que nos metíamos mar adentro, uno de nuestros compañeros, aficionado a la pesca, no pudo resistir sus ganas de sacar la caña de pescar. Echó su señuelo haciendo un intento de curricán. Poco dábamos porque tuviera suerte, cuando de repente, el carrete empezó a sonar y nuestro amigo saco una bacoreta. En ese momento la calma se convirtió en excitación y emoción, tras sacar la pieza nos indicó que la iba a preparar para el almuerzo, lo que nos sorprendió porque no entendimos en ese momento a que se refería. Tras guardar los artilugios de pesca, seguimos navegando.

Cuando Enrique, nuestro patrón, nos dijo que habíamos llegado al lugar escogido para el baño, nos metimos al agua, unos por la escalerilla y otros lanzándose desde la cubierta, zambulléndonos en el agua más fresca del verano, disfrutando así uno de los mejores baños de agosto. Estábamos a una profundidad de 15 metros, sentimos impresión, pero la experiencia merecía la pena. Pues la transparencia del agua nos permitía vernos los pies con total claridad contrastando con el azul marino del fondo, todo un lujo para los sentidos.

Tras algunos capuzones y risas en el agua, subimos a cubierta pues se acercaba la hora de almorzar. El aperitivo en el mar es cosa seria, con la liturgia de los preparativos, en un momento estábamos todos sentados junto a la mesa central de la bañera del velero. Cualquier aperitivo es una fiesta, en nuestro caso fue muy marinero, hueva, mojama, almendras, aceitunas, mejillones y berberechos. Todo ello con la sorpresa del “atunito” antes pescado, que nuestro amigo sirvió laminado con salsa de soja al más puro estilo japonés. 

Para terminar, sacamos el pádel surf y paseamos junto al velero. Luego, los más atrevidos atamos un cabo al barco y subidos en la tabla, hicimos una especie de esquí acuático con la tabla, cada caída fue una risa y fueron muchas caídas.

En resumen, fue un día inolvidable y muy recomendable para todos los que busquen un plan alternativo.

Nos vemos en Campoamor.

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